Estudio sobre Comercio y Pobreza: Las Mipymes ante los efectos de la política de liberación comercial en Nicaragua

Por más de 50 años, la agricultura ha sido asociada a la palabra subdesarrollo, incluso entre los indicadores de desarrollo se esperaba que en cada quinquenio el peso de la agricultura en el PIB disminuyera drásticamente. La agricultura relevante para las políticas públicas ha sido la de exportación...

Full description

Main Authors: Romero Jirón, Welbin, Pérez, Francisco J.
Format: Libro
Language: Español
Published: Instituto de Investigación y Desarrollo NITLAPAN – UCA 2010
Subjects:
Online Access: http://repositorio.uca.edu.ni/4826/
http://repositorio.uca.edu.ni/4826/1/Estudio%20sobre%20comercio%20y%20pobreza.pdf
Summary: Por más de 50 años, la agricultura ha sido asociada a la palabra subdesarrollo, incluso entre los indicadores de desarrollo se esperaba que en cada quinquenio el peso de la agricultura en el PIB disminuyera drásticamente. La agricultura relevante para las políticas públicas ha sido la de exportación, ya que al generar divisas es clave en la balanza comercial. Esta concepción ha relegado a los mercados internos como sinónimo de poco dinámicos y sin valor agregado, y son los primeros a ser desprotegidos en las negociaciones de los tratados de libre comercio. Sin embargo, la aplicación en los países en desarrollo de modelos basados en etapas continuas de crecimiento y de transformación económica, ha generado mayores niveles de pobreza e inequidad en las familias rurales, se ha crecido económicamente, pero de igual manera se ha crecido en pobreza, ya que son modelos de desarrollo excluyentes. La producción de exportación no es viable para los pobres rurales por los niveles de inversión en tecnología, ya que éstos están excluidos de la mayoría de servicios a la producción, y su escala no les permite mantener los volúmenes requeridos en las fechas señaladas. Los pobres rurales están incorporados a cadenas de valor en los mercados domésticos, los cuales tienen mucho margen para generar valor, tal como lo demuestra la revolución de los supermercados. Es tiempo de dar a los mercados internos la importancia que merecen en el desarrollo local, en la reducción de la pobreza a través programas que faciliten la incorporación de los sectores sociales marginados a las cadenas de valor agroalimentarias, tanto a nivel nacional como regional. Como parte de los procesos de liberalización, integración y globalización, la revolución de los supermercados llega a los países en desarrollo. Esta revolución es liderada por firmas norteamericanas y europeas, principalmente Wal-Mart, las cuales han demostrado que los mercados locales tienen mucho potencial de dinamismo y ganancias para los actores a través del control de la cadena de valor. Las firmas de supermercados están integrando verticalmente no sólo los procesos de producción, transformación y distribución a lo interno de los países, sino también a nivel regional. Wal-Mart incluye a cadenas de supermercados como Paiz (Guatemala, El Salvador, Honduras y Costa Rica), La Despensa Familiar (Guatemala, El Salvador y Honduras), Maxi Bodega (Guatemala, Honduras y Costa Rica), Palí (Costa Rica y Nicaragua), La Despensa de Don Juan (Guatemala), La Unión (Nicaragua) y Más x Menos (Costa Rica). En el caso de Nicaragua se estima que controlan entre el 20 y el 40% del consumo urbano de alimentos, y con ello han impulsado cambios en los estándares y tecnología de producción y procesamiento, empacado y presentación de productos. El éxito de estas firmas en mercados locales es la mayor confirmación de que los mercados locales sí son dinámicos y generan valor agregado similar al de los mercados de exportación. Para que los supermercados sean una alternativa viable para los productores pobres, los territorios donde viven deben incrementar su competitividad económica y de desarrollo humano. Entendiendo la competitividad como el incremento del nivel educativo del capital humano; territorios con una educación promedio mayor atraerán inversión que demanda fuerza laboral preparada, y con ello empleos mejor remunerados; incremento de los niveles de inversión en infraestructura productiva, acceso a puertos, aeropuertos, mercados, un sistema de transporte que permita movilizar la producción con bajos costos de transacción; mejora de los sistemas de comunicación, de manera que los actores económicos accedan a información de precios, mercados y tecnología. Estos elementos, para evaluar la competitividad territorial, hacen que a nivel interno de nuestros países existan diferentes zonas con diversos niveles de competitividad territorial. Sin embargo, un elemento común es que las comunidades indígenas son las que se ubican en las zonas menos competitivas de los países, ya sea el Caribe Central de Nicaragua, la Franja Transversal del Norte, y el Petén en Guatemala.