Orar en tiempo de refundación

Muchos creyentes latinoamericanos vivimos en los últimos años tiempos de hondas transformaciones. La vida consagrada, lúcida para formular sus estados de conciencia, ha bautizado esta nueva era como tiempo de “refundación’’. Pero el fenómeno rebasa a la vida religiosa. La vieja ciudad en la que habi...

Full description

Main Author: Sariego Rodríguez, Jesús Manuel
Format: Artículo
Language: Español
Published: Centro Ignaciano de Centroamérica 2002
Subjects:
Online Access: http://repositorio.uca.edu.ni/4240/
http://repositorio.uca.edu.ni/4240/1/Orar%20en%20tiempo%20de%20refundaci%C3%B3n.pdf
Summary: Muchos creyentes latinoamericanos vivimos en los últimos años tiempos de hondas transformaciones. La vida consagrada, lúcida para formular sus estados de conciencia, ha bautizado esta nueva era como tiempo de “refundación’’. Pero el fenómeno rebasa a la vida religiosa. La vieja ciudad en la que habitaba nuestra fe hace dos o tres décadas, se ha resquebrajado. El derrumbe puede deberse a que muchos de los cimientos sobre los que parecían edificadas nuestras certezas, hoy ya no permanecen adosados con firmeza al suelo de lo posible y han sido aterrados por huracanes que aún desconciertan a algunos. O porque las paredes donde se nos apoyaban las solidaridades se vinieron abajo derrumbadas por los aires de un nuevo individualismo que tiene mucho de supervivencia. O tal vez porque tejados y techumbres desde los que nos asomábamos a mirar al cielo de las utopías, resultaron obsoletos para vislumbrar el futuro que nos espera y ya ni siquiera pueden cobijarnos en el presente. Probablemente en el caso de Centroamérica, el elevado grado de desencanto se deba a la conjunción de las tres causas. Ubicados en una esquina insignificante de la gran aldea global, no hemos podido evadirnos de la posición marginal que nos asigna la redistribución de los intereses de los mercados neoliberales. Rotas viejas solidaridades internacionales, nuestros pueblos han visto esfumarse los grandes sueños de liberaciones económicas y sociopolíticas con las que muchos imaginaron el futuro en los años 70 y 80 y se encuentran con la triste realidad de una pobreza, ahora sin alternativa estructural, que nos equipara con tantos otros países pobres del Sur. Hemos dejado de ser Meca de periodistas o atractivo de dentistas sociales alternativos, o esperanza de nuevos modelos políticos. Es verdad que hemos conquistado el silencio de las armas, pero se trata de una paz llena de desigualdades económicas, desocupación, inseguridad ciudadana, emigración, liderazgo muchas veces corrupto, proyectos alternativos con la fragilidad del corto plazo y un vacío político poco entusiasmante. La vida eclesial, nunca ajena a los devenires históricos, no ha podido escaparse de la tormenta. Aunque, por gracia de Dios, no ha perdido la cercanía a los pobres, muchas de sus instituciones han perdido perspectiva de futuro en sus formulaciones y en su praxis. La época de los grandes pronunciamientos y de los liderazgos creativos parece haber pasado. El protagonismo de sus sectores de base es más tenue y hasta la reflexión teológica otrora construida en el auge de la teología de la liberación busca nuevos parámetros con que responder a las preguntas de hoy. El reclutamiento en los Seminarios, en la vida religiosa y en otros semilleros de liderazgo se ha vuelto más modesto.