Por el camino de Emaús en este atardecer neoliberal

En la paz y en la pasión de ese Cristo de “ayer y hoy y siempre” -que es el mismísimo Jesús de Nazaret, Pobre Crucificado y Resucitado- abrazo a todos, hermanos, compañeros de camino. Entre el polémico 92 que se nos va y el desafiador 93 que debe abrir unos 500 y muchos más años, diferentes... Algu...

Full description

Main Author: Casaldáliga Plá, Pedro
Format: Artículo
Language: Español
Published: Centro Ignaciano de Centroamérica 1993
Subjects:
Online Access: http://repositorio.uca.edu.ni/3899/
http://repositorio.uca.edu.ni/3899/1/Por%20el%20camino%20de%20Ema%C3%BAs%20en%20este%20atardecer%20neoliberal.pdf
Summary: En la paz y en la pasión de ese Cristo de “ayer y hoy y siempre” -que es el mismísimo Jesús de Nazaret, Pobre Crucificado y Resucitado- abrazo a todos, hermanos, compañeros de camino. Entre el polémico 92 que se nos va y el desafiador 93 que debe abrir unos 500 y muchos más años, diferentes... Alguien en Santo Domingo, pedía que el Evangelio de Emaús fuera como el trasfondo de todo el Documento de la IV Conferencia. Inspiradamente lo pedía, porque en este atardecer neoliberal Jerusalén ha crucificado la Esperanza y los discípulos andamos más o menos aturdidos. Es, entonces, la hora, creyente y política, de redescubrirlo, a Él, caminando con nosotros, y de releer simultáneamente las escrituras y los acontecimientos, y es sobre todo la hora evangélica de partir el pan y el Pan: la hora de “partir (o compartir) el Mundo”, como escribían los obispos holandeses en su última pastoral colectiva, y la hora de compartir el Dios siempre mayor, como ensayaba hacerlo la Asamblea continental de Quito. “La desesperanza y el olvido de las promesas del Reino siguen siendo la mayor tentación”, advertía el Seminario Internacional César Jérez, realizado en Zipaquirá, Colombia. Frente a “la geocultura de la desesperanza y la ´teología´ de la inevitabilidad” nosotros proclamamos siempre aún la utopía de un mundo diferente, compartido y fraterno. “Porque estamos construidos de una gran esperanza” -cantó M. Benedetti- y esta esperanza grande “la tenemos puesta en el Dios Vivo” -explica la I Carta a Timoteo, 4,10. Puede anochecer; pero ya ha amanecido para siempre sobre este camino de Emaús, por el cual nos acompaña Él, disfrazado quizás de peregrino, calentándonos el corazón con su Presencia y enseñándonos a partir el Pan.