Mi recuerdo de Monseñor Romero

En los años que han transcurrido desde la muerte de Mons. Romero he publicado varios escritos sobre su persona y su obra. Son escritos analíticos sobre su figura como creyente, profeta, mártir, arzobispo y salvadoreño. Al acercarse pronto -el año que viene- el décimo aniversario de su asesinato-mart...

Full description

Main Author: Sobrino, Jon
Format: Artículo
Language: Español
Published: Centro Ignaciano de Centroamérica 1989
Subjects:
Online Access: http://repositorio.uca.edu.ni/3761/
http://repositorio.uca.edu.ni/3761/1/Mi%20recuerdo%20de%20Monse%C3%B1or%20Romero.pdf
Summary: En los años que han transcurrido desde la muerte de Mons. Romero he publicado varios escritos sobre su persona y su obra. Son escritos analíticos sobre su figura como creyente, profeta, mártir, arzobispo y salvadoreño. Al acercarse pronto -el año que viene- el décimo aniversario de su asesinato-martirio he pensado que sería bueno volver a escribir las mismas cosas pero desde otro punto, de vista, si se quiere, usando otro género literario: mi recuerdo personal de Monseñor Romero. De esta forma quisiera colaborar a preparar la celebración del X Aniversario –preparación que ya está en marcha- para que 1990 sea un año importante de celebración, de recuerdo, de esperanza y de compromiso en El Salvador, en América Latina y en todo el mundo. Me he decidido por el género literario de "recuerdos" para comunicar ante todo que Mons. Romero fue algo muy real, algo que "hemos visto, oído y tocado" Quisiera reafirmar que Mons. Romero no es ni sólo un concepto analizable ni un mito venerable, sino que fue verdadera carne salvadoreña y cristiana, y que es hoy espíritu viviente y vivificante, salvadoreño y cristiano también. Esto sólo se puede hacer "recordando", cada uno a su modo lo que fue Mons. Romero. "Recordar", además, tiene otra ventaja, pues no significa sólo actualizar voluntariamente lo que se ha registrado en la memoria sino que es tener memoria de algo que nos ha impactado hondamente, que está dentro de nosotros de manera activa, que nos sale siempre al paso como fuente de inspiración y ánimo en el presente y en los momentos importantes de nuestra vida. Un recuerdo nos acompaña siempre, porque se ha hecho parte de nosotros. Desde este punto de vista me parece muy importante que todos cuenten sus recuerdos de Mons. Romero, de modo que quedemos inundados por muchos recuerdos de muchas gentes, sobre todo de los recuerdos de los pobres, los que mejor "le vieron, oyeron y tocaron" y los que más hondamente le llevan en su corazón. Como ayuda al lector de estos recuerdos quisiera esclarecer desde el principio que no he pretendido escribir una biografía, aunque fuese una biografía personalizada por mí, de Mons. Romero, ni siquiera una minibiografía. He recogido más bien, entre numerosos recuerdos, sólo aquellos que han sido más impactantes para mí y que después me han dado más que pensar. Por eso me extiendo en mis recuerdos más tempraneros, los de los tres primeros meses de su ministerio como arzobispo de San Salvador y en los de sus últimos días. Los tres años que van entre una cosa y otra sólo los he recogido resumiéndolos con el término "coherencia" y ejemplificándola con su "opción por los pobres", por el pueblo salvadoreño y pueblo de Dios. Estos recuerdos que ofrezco tienen un cierto orden cronológico, pero no en sentido estricto. A propósito de cosas importantes que ocurrieron al principio de su ministerio he ido extrapolando reflexiones sobre la totalidad de su vida y de su obra. Así, con ocasión de ciertos recuerdos he intentado presentar cosas fundamentales de Mons. Romero: su conversión, sus dificultades intraeclesiales, su teología, su liderazgo eclesial y popular, su experiencia de Dios... y, por otra parte, el impacto de su vida y muerte en el pueblo salvadoreño y en todo el mundo. Son pues recuerdos, pero recuerdos reflexionados, salvadoreñizados y teologizados. Como contrapartida, me ha sido imposible evitar algunas repeticiones, pues he optado por ofrecer reflexiones ocasionales, más que una presentación sistemática, que he intentado hacer en otros escritos. Digamos para terminar que la razón última de escribir estos recuerdos es el agradecimiento que tantos sentimos hacia Mons. Romero, y yo también personalmente. Siempre hay muchas razones para hablar y escribir; pero una razón importante y forzosa es el agradecimiento. No puede haber a la larga un agradecimiento mudo, anónimo, que no tome la palabra. Y ciertamente sería ingratitud callar sobre Mons. Romero. Estos recuerdos pretenden esclarecer, además, puntos importantes de la figura de Mons. Romero. Es cierto que casi todo lo que decimos es conocido, pero la interpretación ha sido, a veces, discutida. Por decirlo claramente, quisiéramos contestar la interpretación que se ha dado -sobre todo en algunas curias- de que Mons. Romero hubiera sido un hombre bueno y virtuoso, pero dependiente y manipulable. De mis recuerdos no se puede sacar esa conclusión sino más bien la contraria: en último término más influyó Mons. Romero en muchos, en mí, que nosotros en él. Por último, con estos recuerdos queremos cooperar a seguir haciendo presente a Mons. Romero en todas partes y especialmente en El Salvador. El silencio oficial que se ha cernido sobre Mons. Romero no sólo es tristemente sorprendente e injusto, sino sumamente empobrecido para la Iglesia y el país. Recordar a Mons. Romero es una necesidad, y por varias razones. En El Salvador, dada la pirámide de edad, la mitad de la población prácticamente no lo conoció, y es bueno que quienes lo invocan hoy como San Romero de América" -en palabras de Pedro Casaldáliga- lo conozcan como el Monseñor Romero histórico, como el que habló, actuó, luchó y murió, como "el que pasó haciendo el bien y fue asesinado a manos de los impíos". Pero es sobre todo una necesidad porque Mons. Romero tiene hoy, aun en situaciones coyunturalmente distintas, mucho que aportar a la Iglesia y al país, y tiene algo que aportar que nadie más aporta. Por eso la finalidad última de este escrito es poner a producir el espíritu de Mons. Romero para el bien del país y de la Iglesia, de la paz y de la justicia, de la fe y de la esperanza.