Los cursillos de Cristiandad

Desde hace unos veinte años el “cursillismo” -como gusta decir a un sacerdote de la América hispana- se ha expandido por el territorio nacional como una epidemia. Dentro de la misma iglesia muchos hay –sacerdote o seglares- que son contrarios al mismo: Ven en el cursillo un engaño, una trampa, un mo...

Descripción completa

Autor Principal: Gutiérrez Córcoles, R.
Formato: Artículo
Idioma: Español
Publicado: UCA Publicaciones 1970
Materias:
Acceso en línea: http://repositorio.uca.edu.ni/2309/
http://repositorio.uca.edu.ni/2309/
http://repositorio.uca.edu.ni/2309/1/Los%20cursillos%20de%20Cristiandad.pdf
Sumario: Desde hace unos veinte años el “cursillismo” -como gusta decir a un sacerdote de la América hispana- se ha expandido por el territorio nacional como una epidemia. Dentro de la misma iglesia muchos hay –sacerdote o seglares- que son contrarios al mismo: Ven en el cursillo un engaño, una trampa, un montaje psicológico; otros critican su –para ellos- carácter sectario. No cabe duda que el cursillismo entraña un “algo” todavía no explicado. Son estas líneas un ejercicio de comprensión; tratan de dar respuestas a la obsesiva pregunta que emerge de la conciencia de algunos cursillistas: “¿En qué consiste el engaño?” Porque -esto es paradójico- se sienten “manejados”, sometidos a un oscuro ardid; pero en modo alguno saben cómo ni en qué forma tiene lugar el engaño. Frente a la ceguera de éstos, el cursillista “fiel”, en cambio, cree ver claro dentro de sí. Desde que asistió al cursillo experimenta una “vita nuova”, un cambio radical, un renacimiento: se ha desvelado el verdadero sentido de su existencia personal. El cursillo fue vivido como una especie de conversión. Y es aquí, creo yo, donde radica el núcleo del confusionismo. En el cursillo hay dos aspectos, dos “saltos” o “conversiones” que deben ser separados. Precisamente porque en la psicodinámica del cursillo no se hace esta separación (los malpensados dirán que esta evitación de la separación es intencionada) es por lo que se origina la confusión en el espíritu del cursillista.